Todos esperábamos con ansia el Argentina-Bélgica en busca del buen fútbol que no había sobrado en los dos primeros enfrentamientos de cuartos, pero argentinos y belgas ofrecieron en Brasilia uno de los partidos más feos de lo que va de Campeonato del Mundo. Lo que en la previa se presumía como un partido espectacular y repleto de alternativas terminó siendo un encuentro lento, soso y con pocas ocasiones, sin la intensidad que se le presupone a un encuentro de cuartos de final de un Mundial. La gran culpable de todo esto fue la selección belga, absolutamente inoperante desde que Higuaín anotase el 1-0 antes de que se cumpliesen los diez minutos de juego. Unos primeros minutos en los que se vio más fútbol que en todo el resto del partido, con una Bélgica que salió mordiendo y encontró la respuesta de Argentina, que tardó poco en golpear. A partir de ahí, los de Sabella empezaron a jugar sus cartas y cedieron la iniciativa a los 'Diablos Rojos', aunque el fútbol lo siguieron poniendo ellos con Higuaín muy activo y Di María y Messi asociándose con peligro en las inmediaciones del área belga. Un extraordinario pase al espacio del '10' terminó con 'El Fideo' lesionado en su intento de disparo, lo que le costará como mínimo las semifinales. Esto propició la entrada de Enzo Pérez, un jugador de corte mucho menos ofensivo, lo que evidenció las intenciones de Sabella, por otro lado lógicas. Una peligrosa falta que Messi envió por encima del larguero y un cabezazo de Mirallas que se marchó por poco cerraron una primera parte en la que Argentina, sin ser brillante, fue superior a Bélgica con Higuaín como estandarte.En la segunda mitad, el guión fue similar. La 'Albiceleste' le dio sin reparos el balón a los chicos de Wilmots, que parecían no saber qué hacer con él. Un omnipresente 'Pipita' se imponía cada jugada a los centrales belgas, y una impresionante cabalgada con caño incluido a Kompany terminó en un disparo que hubiera matado el partido de no ser por el larguero. Bélgica daba gracias por seguir viva, pero no demostraba la menor intención de ir a por el empate. Sin espíritu, sin ideas y con Hazard desaparecido, los 'Diablos Rojos' se arrastraban por el campo con más pena que gloria. Wilmots, tras haber dado entrada a Lukaku y Mertens sin éxito, agotó su último cambio sustituyendo a Hazard por Chadli para sorpresa de todos, y colocó a Van Buyten de improvisado '9'. Su idea, como no es difícil suponer, era colgar balones al área ante la incapacidad de sus hombres de hacer daño por bajo, un recurso muy pobre para un equipo con tantas alternativas. Pero así fue, Bélgica murió metiendo centros sin mucho sentido a la cabeza de Fellaini, y Argentina, sin dar excesiva seguridad, resistió sin muchos problemas la rácana propuesta de los 'Diablos Rojos', que se despiden del Mundial habiendo dado mucho menos de lo que se esperaba de ellos.
LAS CLAVES:
Higuaín fue el factor diferencial. En un partido en el que las dos grandes estrellas de cada conjunto, Messi y Hazard, no brillaron, 'El Pipita' apareció para convertirse en figura y elemento decisivo del choque. Su tempranero gol acabó dando a su equipo el pase a semifinales que no lograba desde hacía 24 años, pero, aunque solo eso le hubiera valido para merecer el premio de MVP que le otorgó la FIFA, su actuación ni mucho menos se redujo a esa jugada. El del Nápoles no dejó de moverse y ofrecerse, bajando incluso con bastante frecuencia a mediocampo para participar de la jugada tras la lesión de Di María. Recibía, aguantaba y daba continuidad a la jugada siempre, pero cuando tuvo que ser más agresivo y mirar al área también lo hizo. Así dejó una carrera grandiosa en conducción desde el centro del campo hasta plantarse ante Courtois, que de no ser por el travesaño también habría sucumbido a la heroica acometida del '9'. A partir de esa jugada el partido cambió y Argentina pasó a protegerse mucho más atrás, lo que supuso un mayor desgaste para un Higuaín bastante cansado por su incesante trabajo durante todo el choque. Sabella lo vio, y diez minutos antes del final le sustituyó para que recibiese una merecida ovación que seguro le supo a gloria al 'Pipa' tras las críticas que venía recibiendo desde el inicio del Mundial.
Bélgica no pareció jugarse el pase a las semifinales de un Campeonato del Mundo. Bélgica jugaba unos cuartos de final por segunda vez en su historia, primera desde 1986, cuando alcanzó las semifinales. Con un grupo de jugadores jóvenes, descarados, sin apenas títulos todavía en sus currículums, y un entrenador que, aunque ya triunfó en el Mundial como jugador, vivía su primer gran torneo internacional como técnico. Se esperaba, por tanto, a una selección ambiciosa, sin nada que perder y con ganas de mostrarse al mundo como un equipo a tener en cuenta no solo para el futuro, sino también para el más estricto presente. Pero nada de eso. Bélgica fue todo lo contrario. Un equipo apático, carente de intensidad, de ganas, de alma. Los jugadores parecían estar pensando más en las vacaciones que en la disputa de un partido que, de haber ganado, les habría convertido en la mejor selección belga en la historia de los Mundiales. Si bien es cierto que el gol de Higuaín al poco de comenzar no ayudó, los belgas no dieron en ningún momento síntomas de poder sobreponerse, pero no ya por fútbol, sino por una aparente falta de lucha que chirriaba. Empezando por su gran estrella Hazard, desaparecido durante todo el campeonato, Bélgica no estuvo en ningún momento metida en el choque, concentrada o con voluntad de darle la vuelta al marcador. Si esto ya sería algo bastante grave en un partido cualquiera, esta falta de actitud en un encuentro de cuartos de final de un Campeonato del Mundo resulta cuanto menos sorprendente. De esta guisa se despide la selección belga de Brasil, con una actuación satisfactoria a nivel de resultados pero no tanto por las sensaciones que ha dejado el equipo.
Argentina hizo valer el mayor peso de su escudo. Cuando llegas a las rondas finales de un Mundial, y aunque muchos lo pasen por alto, no es lo mismo llevar en el pecho el escudo de Argentina que el de Bélgica, y esto lo demostró una vez más la 'Albiceleste' en Brasilia. Los de Sabella, sin hacer un partido brillante, fueron netamente superiores a los 'Diablos Rojos', que se vieron claramente superados por el escenario y por un rival mucho más experto y acostumbrado a este tipo de citas. A pesar de lo corto del resultado puede decirse que casi no hubo partido, y Argentina nunca vio peligrar realmente el pase a semifinales. Bélgica salió sin complejos y a morder, pero el gol de Higuaín cambió por completo el signo del encuentro y no volvió a haber noticias de los de Wilmots, que parecieron darse cuenta entonces de a quién se enfrentaban. Quizá la razón de su apática actuación fue el verse por debajo de un equipo con dos estrellas de campeón bordadas en la camiseta en un partido de tal magnitud, porque el respeto que le tuvo Bélgica a Argentina solo tiene esa explicación. A los de Sabella les bastó con estar bien plantados en el campo y no cometer errores defensivos para certificar un triunfo conseguido en gran parte por el peso histórico de su escudo.
Fotografía: www.deia.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario