viernes, 4 de julio de 2014

CUARTOS DE FINAL: Clásico con sabor añejo en el templo del fútbol


Alain Giresse estaba sobre el césped del Sánchez Pizjuán aquella noche. A pesar de su modesta presencia física -medía 1,68-, era uno de los hombres más importantes de la selección francesa, una selección que buscaba alcanzar por primera vez en su historia una final de la Copa del Mundo. Corría el 8 de julio de 1982, y Sevilla debía decidir si Alemania Federal o Francia acompañaban a Italia en la gran final del Mundial de España. Frente a frente, 'Les Bleus' de Platini-Giresse-Tigana, y la poderosa 'Mannschaft' de Rummenige, Littbarski, Breitner o Magath. Después de noventa minutos que tristemente dejaron para el recuerdo el brutal rodillazo que el portero alemán 'Toni' Schumacher propinó a Patrick Battiston, el empate a un gol que el electrónico registraba exigía media hora más de fútbol. Una prórroga que, sencillamente, y como tantas otras, tenía que poner fin al sueño de uno de los dos contendientes. Sin embargo, el destino había señalado en rojo aquella prórroga. El libro del fútbol necesitaba un nuevo episodio glorioso, y Alemania y Francia serían las encargadas de escribirlo en apenas treinta minutos. Treinta minutos repletos de épica, corazón, infortunio y sentimiento, treinta minutos en los que el fútbol perdió por completo la poca cordura que podía albergar. "No sé si se encontrará un partido de fútbol con tantas emociones, situaciones tan opuestas, tan dramáticas y alegres. No pienso que pueda haber algo así en un partido de fútbol". Las palabras de Giresse ilustran a la perfección lo que aquel encuentro, y especialmente aquella prórroga, significó. Cuatro goles en apenas quince minutos convirtieron el partido en un tobogán de emociones, en un caótico discurrir de sensaciones. Dos goles de la escuadra gala en los seis primeros minutos del tiempo extra, el segundo de ellos obra del pequeño Giresse, trasladaron la locura a Francia. Una locura transitoria, pues un tanto del mermadísimo Rummenigge y, sobre todo, un inverosímil gol de chilena de Klaus Fischer certificaron, de nuevo en un lapso de seis minutos, la remontada de la 'Mannschaft'. El éxtasis viajaba entonces desde tierras galas hasta territorio teutón, y el desenlace de la contienda se encaminaba irremediablemente hacía un único y fatídico punto: el de penalti.


Los once metros dictaron sentencia después de un empate a tres goles, y como no podía ser de otra manera, lo hicieron con suspense y desorden. Uli Stielike, zaguero del Real Madrid, fue el primero en errar desde los once metros, poniendo en clara ventaja a una selección francesa que había empezado lanzado y disponía de un penalti ya con 3-2 a favor en el global de la tanda. Sin embargo, Didier Six no aprovechó la ocasión y revivió al combinado germano. Así, tanto Platini como Rummenige negaron al quinto penalti el privilegio de erigirse en decisivo y la suerte del encuentro hubo de dirimirse en la muerte súbita. Un fallo resultaba definitivo. 'Toni Schumacher' detuvo el lanzamiento de Maxime Bossis y dio a Alemania la oportunidad de acceder a su cuarta final de la Copa del Mundo. El gigantón Hrubesch fue el hombre elegido para grabar su nombre con letras de oro en la historia del balompié teutón, y con un disparo raso hacia su derecha puso fin a un partido de leyenda. Casi a medianoche, Alemania se bañó de gloria. Mientras, Francia volvió a llorar por la crueldad de un destino inmisericorde.


Cuatro años más tarde, Francia tuvo ante sí la ocasión para desquitarse. En la misma coyuntura, semifinales de la Copa del Mundo, aunque en un escenario diferente, el Estadio Jalisco de México, 'Les Bleus' volvieron a encontrarse con la 'Mannschaft' con una final de la Copa del Mundo en el horizonte más cercano. Esta vez, la escuadra gala ya había conseguido decir adiós a su desgracia en las grandes citas y llegaba al torneo como campeona de Europa. Pero ni por esas. El 'coco' germano era un obstáculo insalvable para Francia, y muy pronto lo puso de manifiesto un desafortunado gol de Andreas Brehme. Cuando solamente habían transcurrido nueve minutos desde el pitido inicial, un garrafal error del guardameta Joël Bats convirtió un duro libre directo del lateral teutón en el 1-0. Simplemente diez minutos habían bastado para que Alemania volviese a negar a Francia un hueco en la historia. Un postrero gol de Rudi Völler rubricó una nueva despedida gala en puertas de la final. Otra vez, las ilusiones galas volvían a estrellarse contra el demonio alemán. Aún faltaban cuatro años para que el delantero inglés Gary Lineker pronunciase su archifamosa definición del fútbol, pero la leyenda ya se había ido gestando a partir de la desgracia francesa; el fútbol ya era un deporte en el que siempre ganaban los alemanes.

En cualquier caso, el fútbol escribe sus memorias a partir de rivalidades y revanchas. Por ello, casi tres décadas después de la última eliminación francesa a manos de la 'Mannschaft', el balón vuelve a juntar a las zamarras azules y blancas, y lo hace en un escenario mayúsculo. Los grandes encuentros se disputan en los más grandes coliseos, y por ello el azar ha esperado a este momento. Ningún lugar alcanza la solemnidad de Maracaná, el templo del fútbol. Una atmósfera única rodea el lugar donde todo empezó, donde hace cincuenta y cuatro años tuvo lugar la mayor hazaña que el balompié recuerda. Maracaná fue testigo de la victoria de Uruguay sobre Brasil (1-2) en el último partido del Mundial de 1954. Una victoria, bautizada como 'Maracanazo', con la que la 'celeste arrebataba a Brasil un título que ya creía suyo. Una victoria que dio la vuelta al mundo y que revistió a la Copa del Mundo de un aura de magia que hoy aún conserva intacta. El Mundial es desde entonces sinónimo de seducción, de hechizo, de leyenda. Cada cuatro años, aficionados de todo el mundo viven durante un mes pegados al televisor, esperando que una pelota embruje sus corazones. Este viernes (Maracaná, 18:00/Gol TV)  volverá a disputarse uno de esos encuentros que todo el planeta espera. Dos clásicos del balompié internacional frente a frente, dos campeonas del mundo cara a cara en un marco inigualable. El Cristo del Corcovado asistirá de nuevo a una tarde para el recuerdo.

La juventud colma un seleccionado francés que ha devuelto a 'Les Bleus' a la aristocracia del fútbol internacional. Tras un nefasto ciclo desde el subcampeonato mundial en 2006, Francia ha regresado al lugar que a su notable linaje correspondía. Una joven generación de futbolistas, liderada desde el banquillo por todo un campeón del mundo como Didier Deschamps, ha cambiado por completo la imagen de una escuadra que hace poco más de medio año se asomaba peligrosamente al abismo durante la Repesca frente a Ucrania. El combinado galo sobrevivió a la quema, llegó a Brasil, y tres semanas después de la inauguración del torneo, se ha erigido en un equipo temible. Primera clasificada en el Grupo E cediendo sólo un empate (0-0 contra Ecuador en la última jornada), Francia supo sufrir para acabar imponiendo su jerarquía sobre Nigeria (2-0) en los octavos de final. Ahora, los chicos de Deschamps afrontan su gran prueba en los cuartos de final. Habiendo aplastado a una selección de buen nivel como Suiza durante la fase de liguilla (5-2), medirse a Alemania, una de las grandes favoritas al título, es todo un reto para un grupo inexperto en lides de semejante magnitud. Recuperado Mamadou Sakho, 'Les Bleus' dispondrán de todos sus efectivos para la contienda, siendo la presencia en la formación titular de Olivier Giroud o Antoine Griezmann el gran y único interrogante en torno al conjunto francés.

Sufriendo como casi nunca, ganando como casi siempre. De esta guisa ha llegado Alemania a cuartos de final. Sudó tinta china para superar a Argelia (2-1), llegando incluso a echar mano de la prórroga, pero la 'Mannschaft' no faltará a la cita. Desde que levantase por primera vez la Copa Jules Rimet, allá por 1954, la escuadra germana nunca se ha ausentado en unos cuartos de final de la Copa del Mundo. Quince Mundiales encadenados en los que el cuadro teutón ha estado siempre entre las ocho mejores selecciones del mundo. Toda una demostración de autoridad y poderío de uno de los mayores colosos del balompié internacional. Ocupando la primera posición del exigente Grupo G, Alemania obtuvo el billete para los octavos de final del mismo modo en que lo hiciera Francia: cediendo únicamente un empate (2-2 frente a Ghana en la segunda cita). Ya en la primera ronda eliminatoria, Argelia se convirtió en un hueso muy duro de roer para los hombres de Joachim Löw. Incapaz de superar a los 'Zorros del Desierto' durante los noventa minutos reglamentarios, Alemania hubo de tirar de su elevadísimo rango y poderío físico para dejar en la cuneta al conjunto africano. Dos goles, obra de André Schürrle y Mesut Özil, fueron suficientes para sellar el pase a cuartos de final durante los treinta minutos de prórroga. La 'Mannschaft' sufrió, pero finalmente, la 'Mannschaft' volvió a ganar. Pensando ya en el choque del viernes frente a Francia, Löw no podrá contar con Shkodran Mustafi, víctima de la durísima batalla contra Argelia, aunque sí que podrá alinear, si nada se tuerce, a un Mats Hummels recuperado por completo de la gripe que padeció en los últimos días. Con todo, parece probable que Philipp Lahm regrese al lateral derecho y Sami Khedira ocupe su lugar en la medular, mientras que Mario Götze y André Schürrle pelearán por el puesto de delantero hasta última hora.

Así pues, treinta y dos años después de que Sevilla fuese testigo de una de las noches más negras del balompié francés, la oportunidad de desquitarse aparece en el horizonte 'bleu'. Ninguno de los integrantes del actual plantel galo recuerda lo que aquel día aconteció sobre el césped del Ramón Sánchez Pizjuán. Sólo Mickael Landreu (35 años) y Patrice Evra (32 años) habían nacido por aquel entonces, pero eso no importa. Las cuestiones del honor se transmiten de generación en generación, y durante aquella trágica velada, una puntiaguda espina se clavó en lo más profundo del corazón de toda Francia. Han pasado más de tres décadas, pero todo el país recuerda aún con una amarga mezcla de nitidez y dolor. Tampoco olvida Alain Giresse, hoy seleccionador de Senegal: "El paso del tiempo todavía no ha curado la herida". Sólo una victoria en Maracaná aliviará, al fin, el tormento galo.

Fotografía: Peru21.pe, zimbio.com, infobae.com, siguealaroja.es, deportes.terra.com

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