Corría el minuto 90 de la final del Campeonato del Mundo de
Argentina 1978. Un balón largo a la espalda de la defensa dejaba a Rensenbrink
solo ante Ubaldo Fillol. Con el guardameta batido y el Monumental de Buenos
Aires mudo, la madera repelió el balón que convertía a Holanda en campeona del
mundo. Apenas tres minutos después, el colegiado señaló el final de los noventa
reglamentarios para dar paso al tiempo extra. En él, impulsados por su
enfervorizada ‘torcida’, los argentinos se impusieron con una exhibición del
‘Matador’ Mario Kempes, máximo realizador del torneo, autor de un gol y una asistencia que dejaron
el marcador en el definitivo 3-1. La fabulosa Holanda de los setenta, la del
fútbol total, la que se ganó el apodo de ‘Naranja Mecánica’, volvía a quedarse
a las puertas del mayor galardón futbolístico ante el anfitrión, como ya le
ocurriera en la final de Alemania 1974. Su ciclo se cerraba con dos
subcampeonatos del mundo, un tercer puesto en la Eurocopa del 76 y el
reconocimiento de todo el planeta fútbol, que todavía hoy le considera uno de
los mejores equipos de la historia. Sin embargo, esta etapa que pudo ser dorada
hizo cargar a Holanda para siempre con la vitola de equipo perdedor, algo que
no arregló la victoria en la Eurocopa de 1988, único título de los ‘tulipanes’,
pero que sí acentuaron las cuatro eliminaciones por penaltis que sufrieron
entre 1992 y 2000. Una losa que intentaron quitarse en Sudáfrica llegando a su
tercera final mundialista, aunque como todos sabemos eso no hizo más que
aumentar la desdicha de un país que parece gafado en esto del fútbol.
Pero Holanda no se rinde, y cuatro veranos después lo vuelve
a intentar. Tres años y 363 días en los que han fracasado estrepitosamente en
la Eurocopa, han destituido al hombre que les llevó a un paso de la gloria en
Johannesburgo y se han reinventado de la mano de un nuevo guía, más capacitado
que el anterior. Del equipo de 2010 apenas quedan seis hombres, pero los
holandeses vuelven a estar ahí, en otras semifinales mundialistas, de nuevo a
solo dos pasos de conquistar el mundo. En esta ocasión, sin embargo, las
circunstancias son diferentes. Van Gaal es consciente del pasado de su selección, y por ello ha hecho
hincapié en el aspecto psicológico para crear un equipo mucho más fuerte, más
sólido, alejado del catastrofismo que puede surgir en un equipo como el
holandés en circunstancias adversas. La fortaleza mental de esta ‘Oranje’ ha
podido apreciarse a lo largo de todo el Mundial, en el que han tenido momentos
difíciles a los que han sabido sobreponerse con éxito. Fueron perdiendo con
España, con Australia y con México, pero siempre supieron rehacerse y acabaron
volteando el marcador. También demostraron carácter en los cuartos frente a
Costa Rica, que buscó la tanda desde el primer minuto y que ya había vencido así
a Grecia. Ahí apareció la mágica libreta de Van Gaal con el cambio de portero y
la jerarquía de los supervivientes de Sudáfrica, Van Persie, Robben, Sneijder y
Kuyt, que transformaron sus penaltis con una seguridad implacable. Esos son los
argumentos a los que se agarra Holanda: la categoría de Van Gaal, el mejor entrenador
holandés del siglo, y la calidad de Robben, Sneijder y Van Persie, tres hombres
que, pase lo que pase hoy, serán leyendas eternas del fútbol ‘tulipán’.
Enfrente tendrán al equipo probablemente más necesitado de gloria
mundialista después de ellos. Argentina llevaba 24 años esperando un día como
el de hoy, unas semifinales de la Copa del Mundo, y qué decir si encima se
disputan en Brasil. Desde Maradona, el país lleva esperando la llegada de un
genio que les devuelva a la cima del deporte que aman. Apareció Messi y
devolvió el poderío a una selección que no había estado a la altura en los
últimos años, pero fracasó en sus dos primeros intentos, si es que se le puede
atribuir a un chaval de 18 años el fracaso del Mundial de 2006. Sin embargo, la
cita de Brasil lleva años marcada en rojo en el calendario de Leo y de millones
de argentinos. En el de Leo, porque es el único gran título que le falta y que
le separa de Maradona, en el del pueblo
argentino, por ser en Brasil, eterno rival, y por las similitudes con la edición de 1986, cuando fueron campeones. Leo llega al Mundial con 26 años, como el ‘Pelusa’ en
México, y debe, como hizo Diego, liderar a una selección que sin él quizá no
sería ni aspirante, y menos ahora con las lesiones de Agüero y Di María.
Capitanes y con el ‘10’ los dos, con Bélgica por el camino y Alemania en la
final, todo parece escrito para que esta sea la Copa del Mundo de Leo, y por
ahora no está defraudando. Cuatro goles y cuatro MVP’s en cinco choques, y una
influencia brutal en todos los partidos a pesar de no haber mostrado todavía su
mejor versión, la que espera hoy toda Argentina. Y es que sin Di María y
presumiblemente también sin el ‘Kun’, la ‘Albiceleste’ se tiene que agarrar al ‘10’
para vencer a una selección holandesa que solo conoce una derrota en sus ocho
partidos frente a los sudamericanos, la que cerró el mejor ciclo de su historia
en 1978. Historia que hoy vuelven a escribir estos dos colosos en el país del
fútbol. ¿Se puede pedir algo más?

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