Los que
no hayan visto a la selección hondureña de fútbol pueden pensar que el
combinado centroamericano ha llegado hasta Brasil de casualidad y que su presencia en
el torneo será testimonial. Pero nada más lejos de la realidad. La H se ha plantado en el Mundial por
méritos propios, destrozando barreras e hipótesis y demostrando que cuando el
cuero echa a rodar, las fuerzas se equiparan y lo único que importa es que se
enfrentan once contra once en igualdad de condiciones. Esa es la máxima que ha inculcado en
la selección catracha su entrenador, Luis Fernando Suárez, que ha logrado el
más difícil todavía: clasificar a Honduras por primera vez en su historia para
su segundo Mundial consecutivo (su tercero de siempre). Y de manera directa.
