martes, 1 de julio de 2014

LAS CLAVES: OCTAVOS DE FINAL: Müller y Schürrle tumban a una heroica Argelia

Se presentaba como uno de los encuentros más desigualados de los octavos de final. Por un lado, Alemania, una de las grandes favoritas para levantar la copa el 13 de julio en Maracaná. Por otro, Argelia, que había superado la fase de grupos sufriendo hasta el último minuto contra Rusia. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El partido fue una batalla terrible, grandiosa, un choque de estilos en el que el pequeño volvió a demostrar que con un buen planteamiento, solidaridad y corazón se puede hacer frente a cualquiera. Con estas premisas y una confianza ciega en sus posibilidades se pusieron los argelinos a jugar los primeros octavos de final de su historia en un Mundial, y aunque suene descabellado hicieron que pareciesen los alemanes los novatos en esas lides. Los de Löw tenían el balón, pero el control del partido era de los 'Zorros del Desierto', que no solo neutralizaban con facilidad el ataque alemán sino que cuando tenían que jugarlo lo hacían también con muchísimo criterio. Las fulgurantes salidas de Argelia con Slimani siempre como punta de lanza sembraban el pánico en una línea defensiva alemana lenta, nerviosa e insegura, descolocada ante la exigencia argelina. Solo Neuer y la falta de acierto impidieron que los africanos trasladasen al marcador su manifiesta superioridad en los primeros 45 minutos. En la segunda parte, la entrada de Schürrle dio a Alemania una verticalidad que necesitaba, y la zaga argelina comenzó a tener más problemas, aunque el choque seguía bastante equilibrado por el increíble despliegue de los de Halilhodzic, que seguían además saliendo a la contra con peligro con el fantástico Ghoulam como lanzador desde el lateral izquierdo. El partido se puso precioso en los últimos minutos con el empuje alemán, y los porteros se convirtieron en protagonistas para mandar a la prórroga un partido que cualquiera podía haber ganado (0-0). El tiempo extra hacía justicia para una Argelia que se había dejado el alma en el campo, pero que estaba condenada a caer por la falta de fuerzas y oxígeno de sus guerreros, y por la descomunal exhibición de Thomas Müller, siempre él. No fue una rendición en todo caso, pues dentro de la agonía los 'Zorros del Desierto' nunca dejaron de creer y de luchar, como demostró el postrero 2-1 que honró a la selección argelina en un partido para la historia del fútbol africano.




LAS CLAVES:

Gran planteamiento de Halilhodzic y encomiable esfuerzo argelino. En el Mundial de la rebelión de los pequeños, Argelia escribió un capítulo dorado en su historia con una actuación para el recuerdo ante la todopoderosa Alemania. Nadie daba un duro por ellos, pero parece que algo está cambiando en el fútbol y los 'Zorros del Desierto' lo volvieron a demostrar. Con las ideas bien claras, un plan perfectamente diseñado por Halilhodzic y una fe y determinación a prueba de bombas, los argelinos metieron el miedo en el cuerpo, y de qué manera, a una Alemania que solo se sintió superior cuando el desgaste físico hizo mella en su rival. Hasta entonces, los africanos tuvieron el partido bajo control, especialmente en una primera parte en la que desbordaron por completo a la 'Mannschaft', sin respuestas ante una defensa muy cerrada que obligaba a centrar desde las bandas al área, donde el poderío aéreo de los centrales argelinos se imponía a Müller, muy solo arriba. Las constantes ayudas de la línea de centrocampistas impedían que los Özil, Götze y compañía entraran en juego por dentro, y esa fue la clave para desactivar el sistema alemán. Argelia, en cualquier caso, no se dedicó únicamente a defender, y tuvo de hecho varias ocasiones para adelantarse en el marcador, poniendo en apuros a una retaguardia alemana lenta, poco coordinada y desconcertada por el rumbo que había tomado el partido. Una presión alta por momentos causó estragos, con múltiples pérdidas de balón que se convertían en peligrosas jugadas de ataque para una Argelia que subía con bastante gente. La banda derecha a la espalda de Mustafi era un coladero, con Soudani y Ghoulam entrando como puñales en cada jugada, y Slimani fue una pesadilla constante para Mertesacker y Boateng en una primera parte con claro color blanquiverde. En la segunda, la entrada de Schürrle dio un poco más de mordiente al ataque germano, pero la tónica siguió siendo más o menos la misma hasta que comenzaron a flaquear las fuerzas argelinas. Los últimos minutos del tiempo reglamentario eran el principio del fin, pero un colosal Halliche mantuvo con vida a Argelia, que tuvo incluso una última opción desbaratada por Neuer en su enésima loca pero salvadora salida. Ya en la prórroga, el rápido gol de Schürrle terminó con las esperanzas de los 'Zorros del Desierto', que tuvieron que sustituir además a Halliche y Soudani, acalambrados. El esfuerzo realizado pasó factura en el tiempo suplementario, en el que fue emocionante ver a los argelinos correr hasta más allá de donde les llegaban las fuerzas. Muchos pensaran que fue en vano, pero nada de eso. El partido de la Argelia de Halilhodzic quedará para el recuerdo.


La verticalidad de Müller y Schürrle. En una selección en la que lo que predominan son jugadores de toque y pausa debido al estilo implantado por Joachim Löw, hombres como Müller y Schürrle son fundamentales para dar al equipo un punto más de mordiente y agresividad de cara a puerta que si no aportan ellos no existe. El partido de ayer fue un ejemplo muy claro de esto, con Alemania abusando del juego horizontal que tan cómodo resultaba para Argelia y que convirtió la primera parte en un monólogo de posesión alemana estéril. La entrada del delantero del Chelsea al inicio de la segunda mitad cambió bastante el panorama ofensivo de la 'Mannschaft', que contaba entonces con un futbolista mucho más rápido y móvil con el que poder soprender a la bien plantada defensa rival. El efecto fue inmediato, y nada más reanudarse el juego el '9' estuvo a punto de marcar. Fueron los mejores minutos de Alemania, con Schürrle como protagonista en casi todas las acciones de peligro, aunque no se logró el gol y el partido volvió a equilibrarse, pasando Argelia a contar con varias buenas ocasiones que hicieron cambiar la cara de Löw, acongojado ante el peligro que llevaban las contras argelinas. Fue entonces cuando apareció Müller, el hombre de los momentos importantes. Primero le puso un balón genial a Schwensteiger en el corazón del área que este no supo aprovechar, después falló un cabezazo de los que no suele y por último se sacó de la nada una jugada preciosa en el área que no terminó en gol por muy poco. Argelia logró alcanzar la prórroga, pero las sensaciones habían cambiado, y Alemania estaba más cerca del gol que nunca, con un Müller que parecía más fresco que al inicio del partido. Y así fue, un nuevo jugadón del '25' del Bayern lo culminó con algo de fortuna, quién si no, Schürrle, para darle a la 'Mannschaft' más de medio partido. Tenían que ser ellos dos, los mejores alemanes sin ninguna duda sobre el terreno de juego, los protagonistas del gol que daba el sufrido pase.

El desgaste físico pasó factura a Argelia en la prórroga. Puede decirse sin pudor que la razón por la que Alemania está en cuartos y Argelia en casa fue la condición física de ambos en el tiempo extra. Los de Halilhodzic realizaron un esfuerzo tan brutal durante los 90 minutos reglamentarios que para la prórroga apenas les quedaron energías para seguir jugando. Las múltiples y constantes ayudas en defensa y las rapidísimas salidas a la contra hicieron que el partido fuese de máxima igualdad mientras a los argelinos les duraron las fuerzas, pero una vez estas les abandonaron el sueño de pasar se convirtió en más que un imposible para el combinado africano. Las imágenes eran conmovedoras, los argelinos hacían muecas de dolor cada vez que el balón se paraba, pero cuando se ponía en juego volvían a correr como si fuese el último partido de sus vidas. Mención especial en este sentido para Slimani, acalambrado desde los últimos minutos del tiempo reglamentario, que se derrumbó varias veces para levantarse y tirar el desmarque a la jugada siguiente. Trabajo encomiable el suyo durante todo el encuentro, presionando cada vez la salida de balón de los centrales e incluso de Neuer y ofreciéndose constantemente cuando el equipo tenía el balón para controlarlo, cederlo y volverse a desmarcar. Él fue el mejor ejemplo del partido de Argelia, un equipo que luchó hasta la extenuación por alcanzar un sueño que tocó con la punta de los dedos.

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