viernes, 27 de junio de 2014
LAS CLAVES: GRUPO C: Épica helena para volver a hacer historia
El tópico es recurrente, pero es absolutamente indudable que su cercanía a la realidad es enorme. Se habla de Grecia como tierra de mitología, de grandes guerreros, de democracia o de grandes epopeyas históricas. Sin duda se trata de un manido estereotipo, pero actuaciones como la protagonizada el pasado martes por la selección helena en Fortaleza indican que para nada es exagerado. Cuando todo estaba en contra del 'Piratiko', cuando nadie nada un duro por ellos y cuando ni siquiera el tiempo estaba de su parte, la escuadra griega volvió a escapar del abismo y, protagonizando una auténtica hazaña, obtuvo el pase a los octavos de final de una Copa del Mundo por primera vez en la historia. Un gol de penalti de Samaras, un nuevo héroe para incorporar al amplio historial griego, en el minuto 93 valió para certificar el triunfo por 2-1 sobre Costa de Marfil. Una victoria que, unida a la derrota de Japón (1-4 ante Colombia), fue suficiente para que Grecia se adueñase de la segunda plaza del Grupo C y, acompañando a Colombia, avance a la siguiente fase del Mundial 2014. La fase de las eliminatorias, donde el margen de error desaparece, donde una simple equivocación hace añicos los sueños de toda una nación. Un territorio de extremada exigencia en la que sólo los caracteres más indomables son capaces de sobrevivir y que, inexplorado por el combinado heleno a nivel histórico, supondrá un nuevo reto para la tierra de los héroes.
LAS CLAVES:
Una espectacular optimización del rendimiento vale para meterse en octavos. Es prácticamente imposible hallar en el panorama internacional una selección nacional capaz de optimizar de una mejor manera sus recursos y rendimiento que Grecia. El combinado dirigido por Fernando Santos se presentó en la tercera y última jornada de la fase de grupos del Mundial con un sólo punto y sin haber marcado ni un gol; un balance realmente pobre que hubiera enterrado las posibilidades y esperanzas de casi cualquier equipo. Pero no las de Grecia, un conjunto indómito que no sabe lo que es rendirse. Comparecían en el encuentro clave sin su delantero estrella Kostas Mitroglou (lesionado de la rodilla con aparente gravedad), sin su capitán Kostas Katsouranis (expulsado en el choque previo) y con unas sensaciones futbolísticas muy poco prometedoras. Ni siquiera dependían de sí mismos al comienzo de la tercera cita de la fase de grupos (Japón no podía ganar), y para colmo, hubieron de ver cómo a los 20 minutos se quedaban, por culpa de las lesiones, sin su portero titular Orestis Karnezis y sin el único futbolista que había arrojado algo de luz al juego griego en los partidos anteriores, Panagiotis Koné. Sin embargo, tumbar la resistencia helena no se consigue de cualquier manera, y esa serie de desafortunadas desdichas fue insuficiente para acabar con el 'Piratiko'. Con lo poco que tenía a su disposición, el equipo de Santos exprimió todo el jugo que el partido contenía, y con la ineludible dosis de épica que la ocasión requería, transformó su a priori utópica clasificación en un hecho real y, además, histórico.
Los 'Elefantes' volvieron a fallar a su cita con la historia. Después de dos Mundiales en los que grupos de extremada dificultad sirvieron de excusa para que la mejor generación de futbolistas de la historia de Costa de Marfil no accediese al menos a octavos de final de una Copa del Mundo, la ocasión propiciatoria había llegado. A la tercera, los 'Elefantes' habían quedado encuadrados en un grupo parejo pero en el que, indiscutiblemente, podían hallar hueco en una de los dos primeras plazas. La aventura mundialista comenzó correctamente con un triunfo sobre Japón (2-1) y continuó con una ajustada derrota (1-2 ante Colombia) que, pese a todo, dejaba a los hombres de Sabri Lamouchi en disposición de depender de sí mismos para conseguir ese histórico pase a la fase de eliminatorias. Incluso un empate habría servido al cuadro africano para colarse entre las dieciséis mejores escuadras del campeonato. Pero ni por esas. El destino quería que jugadores como Didier Drogba, Kolo Touré, Didier Zokora o, muy probablemente, Yaya Touré, nunca llegasen a jugar unos octavos de final de un Mundial, y así fue. Todos los astros se alinearon para que Costa de Marfil tuviese su noche más aciaga cuando menos debía. Nada funcionó en la velada del martes en Fortaleza. Ni Drogba, por primera vez titular, pudo recordar aquellos tiempos en los que aterrorizaba a las defensas enemigas; ni Yayá Touré, visiblemente afectado por la trágica muerte de su hermano, fue capaz de responder tras dos partidos absolutamente improductivos; ni Salomon Kalou, intermitente durante toda la liguilla, logró por fin dar un paso al frente y reivindicar su hueco en los libros de historia. Nada marchó como la hoja de ruta de Sabri Lamouchi marcaba, y los errores propios acabaron por cavar definitivamente la fosa de los viejos 'Elefantes'. Primero una calamitosa pérdida de Cheick Tioté en la salida de balón. Después, y ya sin respuesta posible, un infantil penalti de Giovanni Sio. El sueño de todo el país se desvaneció con dos tiros en el pie.
El espíritu de 2004 perdura en un equipo eterno. Sólo dos miembros de aquella escuadra griega que levantó la Eurocopa hace diez años permanecen en la selección, y pese a todo, la bravura de Grecia sigue siendo la misma. Aunque únicamente Giorgos Karagounis y Kostas Katsouranis, dos guerreros de otro tiempo, han conseguido sobrevivir al paso del tiempo y mantenerse en el 'Piratiko', el valor y el coraje no se han marchado de un conjunto extremadamente romántico que vive eternamente enamorado de un pasado demasiado heroico como para ser devorado por el olvido. La genética del pueblo griego no cambia, y los nuevos miembros de la selección no han perdido ni un ápice del carácter batallador de sus predecesores. Jugadores como Giorgos Samaras, Vasilis Torosidis, Lazaros Christodopoulos o Dimitris Salpingidis no fueron tripulantes de aquel barco que alcanzó el paraíso en el verano de 2004, pero sin embargo se hallan tan seducidos por lo inalcanzable como en un momento lo estuvieron hombres como Angelos Charisteas, Traianos Dellas, Theodoros Zagorakis o Zisis Vryzas. Por ello, el pasado martes fueron los actores principales de un nuevo episodio que pasará a los anales de la Copa del Mundo. Remando contra viento y marea, los gladiadores helenos derrotaron a la fortuna y a Costa de Marfil con sus armas de siempre. Firmaron su mejor partido en mucho tiempo, y lo hicieron cuando más falta les hacía. Dos goles y tres palos demuestran el nivel al que el fútbol griego puede elevarse cuando la magnitud de la empresa parece inabarcable. Nada es imposible para un corazón griego.
Fotografía: Peru.com
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